OBERTURA-.
Septiembre dos años antes. La Habana. Despedida con aguardiente y violín. Llorar. Luego el árbol. Luces. Charcas del naranjo. Tapiz de otoño. Un pedazo que llamaremos la tristeza. No llueven y corren las aguas. Rompiendo monte corren. Haciendo causes, cursos... la historia.
Si volvieras te regalo la cometa de pétalos. La medallita de bronce que encontré tres días antes de encontrarte en la azotea de Obispo. La más alta: ´´por aquí no pasan los carros.´´ Desde el cielo la cuidad es un sombrero. Una teja con el peso de la mar en la espalda.
Primero bésame. Sentada al centro, adentro... plena. Sígueme besado. No ves La plaza calle abajo. El farolero de poste en poste. El indio por manso muerto. Deslumbrado por las cáscaras gigantes y los ojos azulísimos de Cristobal. Bésame. ¡Qué se mezclen las edades! ¡Qué un sueño atrape el infinito! ¡Qué tiemblen las estatuas! ¡Qué repiquen las campanas muertas en la calle de madera! ¡¡Columnata y ceiba !!
Crucemos la bahía. Al otro lado. En mi viaje más largo. A los pies del santo. Ven. Por los amigos no te preocupes. Saben de la ventana abierta. De las gaviotas revoloteando la casa. De la mujer sentada. De las orillas de este archipiélago que aprieta mi cuello:
Soy de esa parte del cuerpo donde brotar los deseos
puerto o cabo
comisura
norte o sur
labio.
Lo otro es el mar
un blanco de enluta
y un azul que estrangula.
Pero mejor septiembre que este no existe. Varios años ahora quiero revivirlo. Contarlo.